Color y flamenco

Quien se acerque por vez primera a las obras de Ignacio Tovar encontrará en ellas un fiel reflejo de quien las crea. Estéticamente sencillas pero cuando se les presta atención y se tiene la suerte de acercarse a ellas, son todo un descubrimiento.

Ignacio Tovar

El artista sevillano hace tiempo que apostó por la sugerencia como lenguaje y el color como medio. En esta combinación se cruzó un día y por casualidad el flamenco. “Solía ponerle a mis cuadros el nombre del santo del día en que lo terminaba, hasta que una vez acabé el día de San Lorenzo y ese nombre a mí no me terminaba de convencer como título. Lorenzo, Lorenzo… No lo veía. Me recordaba a la playa, al calor, pensé en una parrilla y eso me llevó a Parrilla de Jerez”, relató Tovar en un reciente encuentro en la galería Rafael Ortiz en la que mantuvo una amena y entretenida charla con el coleccionista Pedro José Rodríguez y el propio galerista.

Ignacio Tovar

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Esa inspiración en la poesía del flamenco se ha convertido con los años en esencia de su obra. No tanto en el desgarro de las seguiriyas, donde según el autor sólo crece el drama; su sensibilidad prefiere las soleares, “que tienen más matices, pueden ser divertidas o desencantadas”. Así, en sus cuadros, “los grandes tienen nombres de cantaores, guitarristas y bailaores; los pequeños de versos de soleares”.

Ignacio Tovar

Tovar contó entonces cómo ha ido evolucionando su pintura. “Ahora es como si esos meandros que hacía hace años los hubiera acercado mucho mucho con un microscopio”. En su producción hay una evolución. Tanto estilística como formal. En la última muestra en Rafael Ortiz, ‘Así suceden las cosas’, en la que se ha mostrado las piezas creadas por Tovar en los dos últimos años, se pone en evidencia que el artista apuesta ahora por piezas individuales y no dípticos como en ocasiones anteriores.

Ignacio Tovar

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¿Y qué es lo que tiene en mente para el futuro? Tovar aseguró que “a estas alturas ya no es algo que me preocupe. Antes, cuando empezaba, ni siquiera me terminaba yo de ver. Ahora, con los años, ya he aprendido que no me tengo que preocupar. Algo va a surgir casi como por casualidad”.

Ignacio Tovar

La muestra se completa con una serie de fotografías en las que trabaja el artista quien admitió que en cierta manera “ocupa parte del tiempo que dedicaba al dibujo en papel“. Tovar explicó varias anécdotas de sus andanzas en el mundo de la fotografía. “Fotografío flores porque la gente moviéndose me pone nervioso”, apuntó el artista que admitió que aunque el sol no puede hacer “que se quede quieto al menos controlo uno de los elementos que quiere fotografiar”.

Ignacio Tovar

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El artista tuvo tiempo además de contar sus inicios en el mundo del arte, recordando la primera vez que entró en una galería. “Yo no sabía qué era eso pero con el tiempo me daba cuenta de que tenía que ir de vez en cuando porque los cuadros eran otros”, confesó. También relató sus primeras andanzas para trabajar con Juana de Aizpuru. “Yo le dije: Juana, a mí me gustaría trabajar contigo” y ella accedió a meterlo dentro de la nómina de la galería. “Esa no era mi intención. Yo pretendía decirle que le quería llevar cuadros de vez en cuando. No esperaba tanto. Pero me dio tanta vergüenza que no quise decirle nada. Y así empecé”.

Ignacio Tovar

Tuvo un recuerdo para sus etapas al frente del Museo Arqueológico de Sevilla así como del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo donde puso de relieve la exposición  ‘Ciudad invadida’, que comisarió en 1985. “Me dio un billete intergeneracional, ahora me admiten los artistas de la mía y los más jóvenes”.

Ignacio Tovar

Hasta el 17 de mayo se puede disfrutar de la explosión de color con que la primavera llega al arte contemporáneo de Sevilla de la mano de Ignacio Tovar y su exposición en la Galería Rafael Ortiz.

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