Iniciarse en el videoarte jugando

Una de las disciplinas más complejas y quizá por eso menos populares en el arte contemporáneo es el videoarte. Si ya es a veces complicado explicar el interés o la importancia de ciertas piezas de pintura incluso, las instalaciones y el videoarte se antojan aún más difíciles para el gran público. Por eso, la exposición ‘video ergo sum’ que puede verse estos días en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla es una buena oportunidad para un acercamiento a esta modalidad artística.

La muestra está compuesta por obras de Peter Campus, un neoyorquino del 37 que es considerado pionero en el mundo del videoarte. En las distintas salas del claustrón sur es fácil conocer la evolución del artista mediante las obras que conforman la que es su primera muestra individual tanto en España como en Francia.

Con el uso de cámaras de circuito cerrado de televisión Campus consigue situar al espectador como centro de la obra de arte. Una situación que el visitante no duda en aprovechar para jugar a verse y a fotografiarse en las distintas opciones con las que trabaja Campus.

En Anamnesis, de 1973, consigue que la imagen permanezca unos segundos fijada mientras el visitante se mueve por la sala a otro punto, creando una curiosa imagen que no deja indiferente a los que se acercan a conocer la obra de Camus.

Y es que hasta el 78 toda la producción del videoartista requiere de la participación del visitante. Sin la presencia del espectador las obras no se activan, no tienen lugar.

A partir de ese año, Campus se centra en la fotografía, abandona al espectador y apuesta por la naturaleza.

Cuando por fin vuelve al vídeo, sus piezas tienen un carácter más íntimo y poético de la mano de los medios digitales que se implantaron a finales de los 90. Pues, como asegura Campus, «el vídeo nunca me abandonó», es el medio. De ahí el nombre de la muestra: ‘video ergo sum’.

La innovación es una faceta destacada en prácticamente todos los ámbitos de la creación contemporánea. Así, a partir de 2007 crea lo que llama videografías, una suerte de pequeño vídeo hecho a base de varias fotografías en plano fijo –muy similar a las fotos live que hace iPhone–.

La mayoría de ellas son de paisajes de Long Island, que son familiares al artista, y que llevan al espectador a imaginar, a pensar en qué sucede en la escena que tiene delante y que no llega a desarrollarse al completo.

La exposición, que cuenta con una aplicación para dispositivos móviles que permite visualizar obras de realidad aumentada, podrá verse hasta el 21 de enero.

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